Querer aprender es fundamental para conseguir aprender. Es increíble la capacidad que tiene el ser humano de hacer algo cuando está convencido de que quiere hacerlo. Puede querer hacerlo y ser el fin en sí mismo, o querer hacerlo porque es un paso necesario para conseguir su objetivo último. Pero si hay un motivo para aprender algo, la facilidad con la que el ser humano pone todos sus medios al servicio de la consecución de sus objetivos es impresionante.
Hay períodos en los que un niño o adolescente (como cualquier estudiante) está pidiendo un cambio a voces.
Puede ser porque el sistema educativo en el que estudia no se ajuste a sus necesidades en ese momento,o porque lleve demasiado tiempo estudiando con un sistema que se le esté haciendo muy repetitivo y poco estimulante, o porque su momento social no se ajuste al de sus compañeros, o porque ese profesor, maestro o mentor que ha tenido en los últimos tiempos no ha sido el adecuado para él o por infinidad de motivos que podríamos intentar enumerar y nunca acabaríamos…
Piensa en la posibilidad de que curse un año escolar en un colegio en Inglaterra, Irlanda o Alemania.
Podría ser ese cambio el que le ayude a volver a interesarse por aprender.
Se producen cambios realmente mágicos en los estudiantes que pasan un año fuera, cuando el colegio en el que estudian y viven ese año es el adecuado para su momento de aprendizaje.
El enfrentarse a situaciones nuevas, pudiendo ser una “nueva versión de sí mismos”, les ayuda a poner a prueba sus capacidades propias, a tomar decisiones ante situaciones a las que no se han tenido que enfrentar antes, a poner a prueba los límites que tenían preconcebidos, e ir un poco más allá de éstos en caso de necesitarlo.
En definitiva: a crecer como personas.
“Una vez que aceptamos nuestros límites, podemos ir más allá de ellos”. A. Einstein.



